La noticia de la hija de García Márquez bailando champeta desnuda en las playas de Taganga es una muestra irrefutable del declive del periodismo.
Intencionalmente confundo las dos «noticias» separadas (la de la revelación de la existencia de una hija de García Márquez y la de una mujer desnuda en las playas de Santa Marta) porque para mí son la misma vaina; y juntas, repito, evidencian el evidente ocaso del periodismo actual.
¿Por qué es un asunto del periodismo el hecho de que una mujer camine desnuda por una playa?
¿Por qué es asunto del periodismo el anuncio de que un hombre haya tenido un hijo fuera del matrimonio?
Me explico: las personas tienen hijos fuera del matrimonio porque tienen sexo fuera del matrimonio y se embarazan y no abortan. ¿Es así? Gabriel García Márquez tuvo sexo fuera de su matrimonio ¡Vaya noticia! ¿Esa es la noticia? ¿En qué mejora la tal noticia la comprensión de la obra del escritor García Márquez? ¿Cómo este hecho particular nos ayuda a comprender (o refutar) la excepcionalidad de un hombre muerto? ¿En qué ayuda la “noticia mundial” a la hija? No me propongo defender a García Márquez, salvo en un pequeño aspecto: no hacer público algo no es lo mismo que ocultarlo.
Hace más de una década recopilo información para escribir un artículo. Lo titulé ‘La vida privada de William Faulkner’. El solo título, la sola intención de escribirlo, es una afrenta, pues el artículo justamente empieza con una declaración explícita de Faulkner en la que advierte que le gustaría ser el último hombre sobre la faz de la tierra con vida privada. Algo como que su epitafio fuera: “Escribió libros y murió”.
Desde que leí en la novela ‘Luz de Agosto’ que “Un imbécil es aquel hombre incapaz de cumplir los buenos consejos que se da a sí mismo”, Faulkner se convirtió en mi novelista favorito y, luego de leer su entrevista en The Paris Review, se constituyó una suerte de faro. Así que le seguí la pista por donde pude y a mis manos por azar y búsqueda llegaron toda suerte de textos variopintos. Por eso ideé el artículo, para aprovechar la información y reflexionar sobre el asunto de la vida privada. Por eso cuando después de leer a Faulkner me interesé por leer a García Márquez pude encontrar cuánto y qué de la obra de Faulkner había en la suya, y qué tanto hay del temperamento y la ética de Faulkner en él. Y es aquí donde volvemos al asunto inicial.
García Márquez fue explícito acerca de que su mayor logro había sido criar a sus hijos y mantener a salvo su vida privada de los acechos de la fama que él mismo se había procurado. Declaró, sin renunciar jamás a la vida pública, que no quería hacer de su vida privada un espectáculo. E hizo una distinción certera entre la vida pública, la vida privada y la vida secreta. Sus biógrafos, cautos y éticos, supieron sin condescendencias extras respetar esta determinación. No así el poeta-periodista Gustavo Tatis. En mi opinión, el texto publicado por Tatis constituye una doble traición: una a la voluntad de quien dice admirar y de quien se ha servido publicando sendos libros, y otra al periodismo que justamente García Márquez defendió como el oficio más bello del mundo.
No voy a centrarme en la labor de Tatis, quien simplemente tomó un rumor que circulaba subterráneo hace décadas y tuvo la osadía de, con unos cuantos adornos, ponerlo por escrito y lanzarlo como una “bomba” a destiempo. Todavía no sabemos con qué pretensión. En lo que sí me quiero centrar es en la latente necesidad de un periodismo (cultural y general) acorde a las condiciones actuales de la comunicación y al manejo de las verdades en la sociedad contemporánea, uno que se dedique a ser contrapoder llevando al público realidades que a los dueños de cualquier tipo de poder abusivo no les convenga que la gente común sepa. Y no estoy hablando simplemente de un periodismo soplón de quejas y denuncias, y mucho menos de uno de chismes de alcoba. Me refiero a la urgente necesidad de hallar las formas y las claves de un Nuevo Nuevo Periodismo.